sábado, 8 de enero de 2011

El deseo de un sueño.

Mis ojos recorren este paisaje que mi memoria reconoce como si jamás me hubiese ido de aquí. Escenas que creía olvidadas se superponen unas a otras; flashes de una vida que quise dejar atrás.
Mi caminar, ligero y airoso, se torna torpe y cansino con el peso de los recuerdos.
El perfume de las rosas y el olor a azahar agudiza mis sentidos; mientras me embriaga la mezlca de aromas, subo los escalones que me dan la bienvenida al que fue durante tantos años mi hogar.
Las yemas de mis dedos van recorriendo el sendero que ha ido dejando mi mirada por toda la habitación. El intenso olor del césped recién cortado inunda la estancia y una traviesa sonrisa se dibuja en mis labios al escuchar, surgiendo de lo más recóndito, aquellas sonoras carcajadas y el sonido de entrañables voces llamándome por la ventana.
La traviesa sonrisa se desdibuja en mis labios. El calor de mis manos se funde con el frío metal cuando, ansiosas, se aferran a los pies de la cama intentando, angustiada, apresar por unos instantes esos recuerdos que debo dejar marchar.
Me tiendo en el lecho mientras miles de sensaciones me van invadiendo. Sensaciones que me hacen retroceder en el tiempo y vuelvo a vivir aquellos momentos, celosamente guardados que, hoy me doy cuenta, nunca quise olvidar.
...Cansada, me preguntaba qué hacía allí. Los murmullos y las risas consiguieron que me perdiese en mis pensamientos, alejándome de todo aquello que sentía ajeno a mí.
Su presencia, me acerca de nuevo a los murmullos y a las risas. Sin estar preparada, sin avisar, se derrumbaron los cimientos que, quizás débilmente, con la inocencia de mi apenas estrenada juventud construí.
Mi corazón late anticipándose a los contados momentos en los que creo poderlo ver. Sus ojos, el brillo de su mirada, hace temblar el suelo bajo mis pies. Sus palabras hacen florecer sonrisas de ilusión...
Hoy como ayer siento desgarrado el corazón. Hoy como ayer me doy cuenta que aquella ilusión, fueron deseos de un sueño, sueño al que se le negó hacerse realidad.
Cierro despacio la puerta de la habitación que durante tantos años me arropó y voy soltando uno a uno los eslabones que me encadenan al pasado.
Liviana, subo presurosa por las empinadas calles. Me detengo ante la puerta de la casa que me recibe cansada por el castigo de las inclemencias del tiempo. Con los cabellos salpicados de nieve y las mejillas arreboladas por el esfuerzo subo las escaleras que conducen al salón. El aire está impregnado por la fragancia de los pinos, hayas y abetos.
Sin atreverme a dar un paso lo miro. Ni un gesto, ni una palabra, sólo una mirada que me traspasa, que me desnuda el alma. Me dirijo hacia la chimenea lentamente. Quiero saborear cada instante, cada segundo mientras me acerco. El corazón me late alocado, la sangre se espesa, densa en mis venas. A nuestro alrededor una niebla nos envuelve aislándonos de todo lo que nos rodea.
Sus dedos, ligeros y suaves como alas de mariposa, atrapan los copos de nieve que han quedado prendidos en mis pestañas. Su aliento se funde con mi aliento. He llegado, ya estoy aquí, él es mi hogar, estoy en casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario