El incesante canto de los grillos me acompaña en la espera. Coletazos de un verano que acaba, presagios de un otoño que comienza.
En un tempo perfecto, casi musical, lenta y silenciosamente un flameante sol se va poniendo; suave y dulcemente se deja ver la luna llena. Se miran intensamente, saben que sólo puede quedarse ella.
La observo en todo su esplendor, me ilumina, me conmueve, me atrae, me arrastra y me dejo llevar como un barco a la deriva en el sosegado ir y venir de las olas, hacia un tiempo donde mis antepasados...
... A lo lejos, los lastimeros quejidos de los carromatos anuncian su llegada. En la oscuridad, la luz de la luna perfila sus siluetas. Arropados por el cálido crepitar de las llamas, sus hermosos cuerpos danzan.
Ella contempla la luna con embeleso, como si de su amante se tratara.
¡Ay, gitana!, ¿por quién sueñas?.
Cesa el canto de los grillos; tras un cielo plagado de nubes me observa. La espero. Luminosa me sonríe, sabe que restos de sangre gitana corren por mis venas.
¡Ay, gitana!.
¡Gitana enamorá de la luna llena!.
viernes, 24 de septiembre de 2010
martes, 14 de septiembre de 2010
En cada rincón.
Travieso, un pequeño rayo de sol se cuela por la ventana de mi habitación despertándome.
Un aire fresco recorre mi cuerpo. Siguiendo sus pasos, el pequeño rayo de sol lo va entibiando.
Me incorporo en la cama, no oigo nada.
¿Dónde está ese cansino e irritante sonido de todas las mañanas?.
El silencio me sobrecoge. En el aire, ausencia y añoranza. Confundida percibo que cada rincón está lleno de nostalgia.
Yo, por cada rincón de la casa; yo, la nostalgia que tu ausencia me depara.
Inquieta me levanto del sofá, la puerta me llama. Nerviosa me dirijo a ella, me lleno de vida...
Eres tú.
¡Ya estás en casa!.
Un aire fresco recorre mi cuerpo. Siguiendo sus pasos, el pequeño rayo de sol lo va entibiando.
Me incorporo en la cama, no oigo nada.
¿Dónde está ese cansino e irritante sonido de todas las mañanas?.
El silencio me sobrecoge. En el aire, ausencia y añoranza. Confundida percibo que cada rincón está lleno de nostalgia.
Yo, por cada rincón de la casa; yo, la nostalgia que tu ausencia me depara.
Inquieta me levanto del sofá, la puerta me llama. Nerviosa me dirijo a ella, me lleno de vida...
Eres tú.
¡Ya estás en casa!.
viernes, 10 de septiembre de 2010
El velero

A veces pienso en esa niña, que de pie en el puerto observaba fascinada a los marineros con sus callosas manos cosiendo, reparando las redes, puntada a puntada y mirando al cielo.
Me pregunto qué pasaba por su mente, cuales eran sus sueños y no los recuerdo; sin embargo, quiero pensar que soñaba con ser un velero, surcando los mares sin saber que le esperaba en cada puerto.
Esa niña ha ido creciendo y quiere ser un velero. Un velero que con sigilosa majestuosidad se vaya abriendo camino entre las aguas de un mar, a veces apacible, a veces fiero.
En su recorrido, maravillosos y pintorescos lugares le van acogiendo, pero sigue su ruta buscando un lugar que no tiene nombre, que no tiene dueño, esperando encontrar lo que sólo existe en sus sueños.
En la lejanía, una hermosa ensenada le atrae. Coronado por una verde espesura se halla un puerto y hacia él se dirige, velas al viento.
No ha visto los arrecifes hasta que lo destrozan por dentro. Allí queda encallado, al igual que sus sueños.
Unas manos amorosas vuelven a recomponerlo, pincelada a pincelada lo van decorando de nuevo, preparándolo para hacerse otra vez a la mar.
¡Cuántas y qué profundas cicatrices!.
¡Qué bello!.
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