viernes, 24 de septiembre de 2010

La Luna me enamora.

El incesante canto de los grillos me acompaña en la espera. Coletazos de un verano que acaba, presagios de un otoño que comienza.
En un tempo perfecto, casi musical, lenta y silenciosamente un flameante sol se va poniendo; suave y dulcemente se deja ver la luna llena. Se miran intensamente, saben que sólo puede quedarse ella.
La observo en todo su esplendor, me ilumina, me conmueve, me atrae, me arrastra y me dejo llevar como un barco a la deriva en el sosegado ir y venir de las olas, hacia un tiempo donde mis antepasados...
... A lo lejos, los lastimeros quejidos de los carromatos anuncian su llegada. En la oscuridad, la luz de la luna perfila sus siluetas. Arropados por el cálido crepitar de las llamas, sus hermosos cuerpos danzan.
Ella contempla la luna con embeleso, como si de su amante se tratara.
¡Ay, gitana!, ¿por quién sueñas?.
Cesa el canto de los grillos; tras un cielo plagado de nubes me observa. La espero. Luminosa me sonríe, sabe que restos de sangre gitana corren por mis venas.
¡Ay, gitana!.
¡Gitana enamorá de la luna llena!.

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