Hoy, vuelvo a hacerme las mismas preguntas que de pequeña le hacía a mamá.
¿Por qué no te he conocido?, ¿cómo puedo echarte de menos si nunca te he visto?.
Me vuelvo hacia el espejo y me miro, como tantas y tantas veces me volvía mamá diciéndome: "¡Mírate!, ¿ves tus rasgos?, ya lo estás viendo.Tienes su misma expresión, el mismo ángel en la sonrisa, el mismo duende en la mirada."
Me miro y no veo nada. ¿Será que al no haberte conocido, al no haberte vivido, no lo puedo percibir?.
Sin embargo, sí siento tus caricias en las caricias de mamá; tu consuelo, cuando sus brazos me rodean aplacando mi desconsuelo sin preguntar. Siento tus labios secar mis lágrimas en los besos que ella me dá y escucho el susurro de tu voz en su voz diciéndome: "Ábrete a la vida sin miedo, deja que fluyan tus sentimientos, siéntelos correr descontrolados por tu cuerpo, ordénalos, percibe su calor, ponles nombres y deja que manen al exterior. Aprécialos, nunca te avergüences de ellos, porque son tu esencia, tu identidad."
Y le vuelvo a preguntar: "¿Por qué no está aquí cuando tanto lo necesito?."
Y ella me contesta: "Porque él dejó de existir para que tú estuvieses aquí y es el mayor regalo que me pudo dar."
Te quiero abuelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario