Hoy, nos hemos sentado una al lado de la otra. Los escalones que antaño fueron testigos mudos de nuestras confidencias, nos han vuelto, una vez más a cobijar.
Tu risa, espontánea, me traslada a aquellos días, plenos, donde los juegos infantiles eran el eje de nuestra existencia; juegos que nos llevaban al despertar, con los ojos iluminados por la ilusión de la inocencia.
Nuestras risas dejaron de sonar, un estanque de lágrimas ocupó su lugar; lágrimas que no encontraban salida a ningún lugar desbordándose hacía un mar furioso por la tempestad.
Hoy nos hemos vuelto a encontrar, en nuestros ojos hay serenidad y aunque sabemos que el tiempo perdido no se podrá recuperar, una al lado de la otra volvemos a caminar. Donde nuestros pasos nos lleven sólo el tiempo lo dirá
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